Tristemente, uno de los personajes que acaparan la nota periodística estos días es Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Para mí, el tipo es verdaderamente detestable, aunque he de reconocer que sabe jugar sus cartas apropiadamente para satisfacer sus intereses.
Su más reciente gracia, porque no lo puedo llamar otra cosa, fue no renovar la concesión de la televisora más antigua de su país (Radio Caracas TV), la cual dejó de transmitir la noche del domingo, luego de 53 años de actividad, calificándola de "golpista" por transmitir información crítica a su gobierno. La medida ha despertado manifestaciones diversas en la sociedad venezolana, las cuales han motivado la utilización del monopolio del uso de la fuerza del Estado en su contra y ha catalizado una respuesta mediática del Presidente, a través de los medios que sí están sometidos a su voluntad. El objetivo de esta campaña es la manipulación de la opinión pública y la ridiculización de las protestas, así como la legitimación de la represión para salvaguardar la integridad del gobierno de Chávez.
Siento indignación, lo siento, pero así es. Me duele que un tipo regordete, que tiene complejo de concursante de American Idol y que usa una boinita de G.I. Joe, que más bien parece secresión de merengue barato, se atreva a denunciar públicamente que Estados Unidos lo quiere asesinar, pero que sea uno de los principales proveedores de petróleo del gobierno de George W. Bush y que aproveche los altos precios del hidrocarburo para incidir en la política latinoamericana. No me malinterpreten, igual me molesta la intromisión norteamericana a lo largo de la historia, la cual ha sido descomunal, pero esto le compete a México por las posibles consecuencias de la influencia chavista en la región.
Nuestro país puede quedar errante entre la influencia política de Estados Unidos y la que pretende implementar Hugo Chávez. Urge que nuestra política exterior adopte una posición decisiva de contrapeso al "Shrek" latinoamericano. No es posible que, como dice México se autonombre como parte de América latina y se considere "nación hermana" de los países que la componen y en realidad siga haciendo política internacional para adaptarse a las acciones norteamericanas.
Chávez, habilmente, ha sabido infestar las instituciones regionales como el Mercado común del Sur (MERCOSUR) y, a diferencia de México, Venezuela ya es miembro oficial y no un simple observador. Ha incidido políticamente en la conducción del gobierno de Bolivia y parece ser que está teniendo éxito en las mutaciones en Centroamérica. Además, Venezuela es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con lo cual tiene injerencia directa en el precio internacional de este valioso recurso mundial.
Ustedes que leen se preguntarán (y si no, pues pregúntenselo) porqué México es el único país que podría contrapesar a Chávez en la región. Breve resumen: Brasil, que sería el país idóneo para hacerlo, por su tamaño geográfico y económico, mantiene fronteras con Venezuela y Chávez bien podría, de manera clandestina, apoyar grupos armados que estén en contra del gobierno de Lula. Colombia está inmerso en un escándalo político que vincula a miembros del gobierno con grupos paramilitares de derecha. Argentina, Uruguay y Bolivia se han aliado tácitamente con el discurso antinorteamericano de Chávez. Chile, a pesar del éxito económico no podría sólo hacer de fiel de la balanza en la región.
El gobierno de Felipe Calderón, al igual que el de Vicente Fox, han prometido fungir como puente entre Latinoamérica y Estados Unidos, pero no se han dado cuenta (Fox, evidentemente nunca lo vio) que para que esto sea real, México tiene que poner en orden la casa y enfocarse explícitamente en desarrollar una estrategia para incrementar la influencia mexicana en América latina. A diferencia de Venezuela, nuestro país no puede ir tirando petrodólares para sesgar los movimientos políticos a su favor, sino que tiene que buscar nuevos medios para generar la acapetación necesaria para guiar el futuro de la región. Uno de ellos puede ser la educación, brindando oportunidades para estudiantes latinoamericanos para estudiar en este país, así como tener una participación más definida en las resoluciones de los organismos regionales, en conjunto con los países no alineados con Venezuela.
Es urgente solucionar las disputas políticas internas en México, dejar de pensar que lo que pasa afuera no nos afectará, dado que tenemos el manto portector de Estados Unidos. México tiene que jugar un papel más importante en la arena regional, si es que quiere ser partícipe de las negociaciones en bloque que se darán, en el largo plazo, con la Unión Europea, con el conglomerado de países asiáticos, con Estados Unidos y Canadá (como bloque norteamericano), de manera que se pueda beneficiar de éstas y no quede, nuevamente, rezagado por su corta visión de la poítica internacional.