Es curioso llegar al aeropuerto teniendo el destino claro, pero sin boleto comprado. La mecánica del proceso no es, definitivamente, la misma. Se nos dijo que teníamos que esperar a que se nos asignara una sala de abordar, pero esta nunca llegó. Al fin la voz de ayuda llegó y se asignó un transporte inusual para que nos fueran a recoger a la sala 19A para llevarnos a la Terminal 2 del aeropuerto. Diez minutos después estábamos a la puerta de un avión prácticamente vacío que nos llevaría en tres horas a Tucson, Arizona.
En éste nos encontramos con autoridades de Estados Unidos (EU) y con elementos del Instituto Nacional de Migración (INM). Ambos, nos informaron el saldo: 88 personas habían llegado procedentes de la frontera. Todos ellos migrantes mexicanos que habían sido detenidos por la Border Patrol al intentar cruzar el desierto de Arizona para buscar trabajo en este país. Estamos en el charter que paga el gobierno norteamericano para el Programa de Repatriación Voluntaria (PRV), que consiste en ofrecer a nuestros paisanos la oportunidad de volar a la Ciudad de México y de ahí viajar vía terrestre a la central de camiones más cercana a sus comunidades de origen. Todo esto de manera gratuita, con la finalidad de que no sean trasladados a la frontera y vuelvan a intentar hacer el trágico viaje hacia el sueño americano.
En el avión voy leyendo De los Maras a los Zetas, de Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo (Ed. Grijalbo) y no dejo de pensar que la migración es un fenómeno con muchas aristas y que en este viaje dejaré de conocer una de ellas en papel y me enfrentaré a su forma humana. La imagen de lo que esto puede ser es difusa y se contamina más con los datos que revuelan en mi cabeza: 300 mil migrantes (aprox) logran cruzar la frontera hacia EU cada año; 147 migrantes muertos se habían encontrado hasta el 21 de julio; el tráfico de personas se persigue por querella y no por oficio, tanto en México, como en EU; Aquellos que cruzan por el desierto son los más vulnerables ante la falta de otra posibilidad para cruzar. Trato de dejar que las cosas pasen y me concentro otra vez en el libro y en las malditas turbulencias del avión.
Arribo al Aeropuerto de Tucson. Se habla español...no es necesario hablar en otro idioma. Paso por migración sin problemas y abordaje de una Explorer del Immigration and Customs Enforcement (ICE) que nos llevará al hotel. Ambos agentes, Miguel y Jorge, son de ascendencia latina, mexicana específicamente. Ninguno conoce México más allá de Sonora, aunque por su trabajo han viajado por todo el mundo. Viajamos platicando poco. Al llegar al hotel, donde ellos, casualmente, también se hospedan con otros agentes, nos invitan a una carne asada y unas chelas. Son agentes de muchos lados. Hay un puertoriqueño que trabaja en ICE Miami: otro de Tennesse que si es gringo, otro de Michigan, también gabacho y los demás son de California, Texas y Arizona...todos ellos latinos. Noto en la charla que no tienen aversión hacia los migrantes. Todos entienden que la finalidad de sus funciones es preservar la vida de los que intentan cruzar, por lo menos estos tres meses que dura el programa. Después volverán a su labor de regresar ilegales que ya están en las ciudades. Literalmente son "la migra".
Me sorprende saber que el 99% de los que regresan, por lo menos en California, son migrantes que han cometido algún delito. Sin embargo, la sociedad los sigue viendo con desprecio y como obstáculo para cumplir el "sueño americano". Después de una muy amena charla con ellos, van cayendo uno por uno de sueño y se van a descansar. Al final, solo me quedo con Miguel y McLaughlin. Miguel quiere venir a México...lo invito.
A la mañana siguiente, hacemos presencia en la estación migratoria de ICE. Por fuera, es una impresionante ex bodega. tiene todavía los accesos para descargar trailers como de Wal-Mart. Ya entrando te cae un balde del tamaño del mundo...todo está dividido en secciones como de 30 metros cuadrados cada una...son jaulas de malla ciclónica de unos 10 metros de alto. En la primera que está al entrar hay dos filas de migrantes. Les están registrando sus pertenencias, quitando las agujetas y cinturones. Luego proceden a verificar que no tengan registro de delitos cometido en EU.
Más tarde pasan a la zona donde estamos nosotros, personal del INM, ICE y del Consulado de México en Nogales. Afortunadamente, la encargada de Protección del Consulado es mi amiga de la universidad y eso permite que le información fluya como agua. En la zona hay 10 bancas de metal largas...como para 30 personas cada una. Dos televisiones en las cuales se pasa un video que explica el PRV a los detenidos y se les prové de Gatorade, electrolitos líquidos, una barra de granola, un sandwich y barras de fruta para que se repongan de la deshidratación y el hambre. Después del video se les vuelve a explicar el PRV y se les pregunta si aceptan entrarle, lo que significa abordar el avión a la Ciudad de México y abordar un autobus hacia sus respectivas comunidades. Si dicen que no, simplemente son trasladados por tierra a la frontera, a Nogales, Sonora.
Primero, escuché como Dalia (la representante del Consulado) hablaba con 3 mujeres...una de las cuales llevaba a su hijo de 2 años y a su hijo de 5. Se les explicó que ir por el desierto era peligroso. Les mostramos fotos de migrantes abandonados, heridos, fallecidos. También les enseñamos la predicción del clima para esta semana (lluvia, tormentas eléctricas y mucho calor). Apelamos a su sentido común y le dijimos que entrara al programa, que dejara a sus hijos con algún familiar y que lo intentara sola, que no los arriesgara. Al final todo fue infructuoso, probablemente mañana lo intenten de nuevo con un alto riesgo de muerte. Las otras dos mujeres tampoco quisieron volar.
Después llegaron 5 menores de edad...como de 13 o 14 años. Nos dijeron que eran de Chiapas, pero después de esucharlos hablar en Tzotzil supusimos que algo ocultaban. Los separamos e individualmente los cuestionamos. Eran de Guatemala, el pollero les cobró 15 mil pesos y los abandonó en el desierto. Caminaron 8 horas hasta que la Border Patrol los agarró. Les faltaban 41 horas para llegar a Phoenix. Se les trasladó a otra zona para que los llevaran a Guatemala. Uno de ellos es el único hombre después de que falleció su padre y quería trabajar...al menos eso nos dijo.
Terminó el día...sales echo mierda...ver los ojos de ese niño..saber que le va al Cruz Azul y verlo tomar su Gatorade con la mirada de no saber que está sucediendo, de no entender que mañana puede morir.
Se habla español...